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Tan solo un angel caido


Tan solo un angel caido



Mi nombre era Luzbel, pero hace mucho tiempo que nadie me llama así; Ahora me conocen por otros nombres, seudónimos que siempre se asocian al mal y que paralizan la sangre con solo ser escuchados.

Y eso la convierte en mi favorita, pues para ella solo soy el ángel caído. Es la joven más dulce que pudiese existir. Le conozco desde pequeña, le he visto crecer y convertirse en la mujer que es hoy. Aunque también la he visto caer. Como yo también fue expulsada de su cielo: de una sociedad a la que desea pertenecer y le rechaza. Ni siquiera lo imagina pero tenemos más cosas en común de lo que se piensa. Eva, ese es su nombre…

Eva era apenas una chiquilla la primera vez que vino a verme. Su padre le llevaba de la mano. Vi su carita cuando la levantó para mirar lo que su padre señalaba en las alturas; entonces descubrí como el asombro llenaba sus ojos al descubrirme (con una rapidez asombrosa para una niña tan pequeña). Soltó la mano de su padre y corrió hacia mi jardín. No logró saltar la baranda a tiempo y su padre le sostuvo de nuevo. Aquella tarde Eva se alejó llorando, pero cada pocos pasos se volvía y me miraba entre lágrimas. Y desde aquella tarde, Eva no faltó ni un día a su cita conmigo.

A veces jugaba con su pelota cerca de mí y la tiraba hacia mi jardín, colándose a recogerla sólo como excusa para poder tocar la columna sobre la que yo estaba. Otras veces, se sentaba muy formal al lado de su padre, dando de comer a las palomas mientras mantenía largas conversaciones mentales conmigo. Que yo no le contestara no la desanimaba y seguía contándome sus pequeños secretos. Lentamente iba creciendo: sus gustos y sus actitudes cambiaban. Ya no saltaba al jardín, se limitaba a permanecer sentada en un banco leyendo o estudiando. Pero seguía hablando conmigo, contándome sus secretos que, por supuesto también iban creciendo…
Hoy también ha venido. Últimamente actúa de forma extraña. Ronda por el parque todo el día, como si buscase algo. Cuando se sienta a mi lado parece nerviosa y desasosegada.

Al medio día se ha parado junto a mí, pero enseguida ha desaparecido metiéndose entre unos arbustos cercanos. He visto alguna vez a los niños jugando al escondite en ese lugar. Les he oído pensar en el hueco que se esconde bajo sus ramas y que los oculta del mundo. Ahora la siento allí acurrucada. Oigo su respiración calmada. Creo que se ha dormido, aunque no logro adivinar porque se ha escondido ahí para dormir. Ojala pudiera preguntárselo algún día…

La noche ha caído. Oigo a los guardias del parque acercándose mientras hacen la última ronda de la jornada. Puedo sentir a Eva, despierta y alerta bajo los arbustos. Siento como se tensa cuando escucha hablar a los guardias: su corazón se acelera y su respiración se detiene durante un par de segundos. Tal vez este asustada ante la posibilidad de ser descubierta. Desde hace años los guardias recorren el parque al comenzar la noche y luego no viene nadie más hasta el amanecer. Es probable que Eva haya dormido demasiado y al darse cuenta de que venían los vigilantes ha visto como sus esperanzas de salir a tiempo se han esfumado.

Las voces se alejan y Eva sale a gatas de su escondite. Empuja un bulto negro delante de ella. Se dirige a su banco, con el paso un poco vacilante por las horas de inactividad. Allí abre el bulto y empieza a sacar cosas y a disponerlas encima de la piedra. Por primera vez no me habla con la mente, sino con un susurro dulce. Por un momento pienso que si ella está allí la noche será mágica y todo puede pasar. Luego el momento se va y me concentro en escuchar lo que Eva me cuenta.

Ni un solo instante a dejado de hablar de los recuerdos que comparte conmigo y de las ganas que tenía de poder pasar una noche a mi lado. Me deslumbra al quedarse desnuda completamente. Saca del bulto unas medias negras y unas bragas de encaje rojo. Se las pone con cuidado mientras sigue hablando sin parar. Coge un carmesí vestido de noche. Lo sacude un poco para estirar las arrugas y se viste. Por último, se calza unos zapatos de charol carmín con tacón de aguja. Dobla las ropas que se había quitado y las guarda en el bulto negro que ahora identifico con una mochila, saca de ella una bolsa térmica que contiene una botella. Es cava según me informa ella misma. Pone la mochila debajo del banco y descorcha el botellón y lo levanta hacia la oscura noche. Escucho su voz dulce susurrando de nuevo: está brindando por mí y por nuestras primeras noches juntos y bebe un largo trago. Después se levanta, tambaleándose un poco por los tacones, y da una vuelta completa sobre sí misma enseñándome su vestido y preguntándome si me gusta y que se lo ha puesto para mí. Esta noche la he visto más hermosa que nunca. Vestida así está bellísima, pero aún lo estaba más en su inesperada desnudez.

Vuelve a sentarse y sigue bebiendo de la botella a sorbos. Por fin me está contando todo lo que le preocupaba desde hacía meses y que no había sido capaz de decirme. Se quedó sin trabajo, perdió su casa, la abandonaron sus amigos… Llevaba un par de meses viviendo en la calle. Por eso la veía más tiempo durante el día. Por eso aquella noche había decidido por fin dormir a mi lado. Eva inclina su cabeza hacia atrás y pronuncia la frase que desata el todo: ¡Ojala pudieras bajar aquí!
Segundos más tarde, me encuentro sentado a su lado, en el banco de piedra. Temo asustarla, por eso llevo mi mano muy despacio hasta su cintura. Ella se estremece un poco pero no es miedo lo que percibo en su mente: el frío que siente cuando la toco es el culpable. Aunque cada vez parezco más humano y menos estatua, aún no he perdido del todo el frío del bronce del que estoy hecho. Ha hecho que me sienta más vivo que nunca. Por un lado deseo que se vuelva y me mire, pero por otro me da miedo lo que pueda encontrar en sus ojos cuando se crucen con los míos. Finalmente me armo de valor y susurro su nombre:
Eva…

Mi ángel caído – susurra ella sin volverse.

Por favor, Eva, mírame – acaricio su pelo mientras hablo, aunque sé que no necesita que la tranquilice. Vuelvo a ser de carne y hueso, mi mente sigue conectada a la suya.

¿Estás aquí de verdad? ¿No eres un sueño ni una alucinación? – no se atreve a volverse por miedo a que yo desaparezca.

Compruébalo tú misma. En serio, estoy aquí. Me has llamado y he venido. Me has despertado y te pertenezco durante toda esta noche.

Bueno, eso es un cambio porque he sido yo la que siempre te he pertenecido a ti.

¿Por eso tienes miedo de mirarme?

¿Miedo de ti? ¿Cómo se puede temer a aquello que se ama?


Eva se vuelve hacia mi. Sus ojos se quedan atrapados en los míos. Sus labios se encuentran apenas a unos milímetros de los míos. El deseo me resulta insoportable y cruzo la línea: borro la distancia que nos separa y beso sus labios. Ella corresponde con un deseo aún mayor que el mío. La abrazo con fuerza, se refugia contra mi pecho, cruzando sus piernas sobre las mías como si eso pudiera acercarnos aún más. Somos incapaces de separar nuestros labios, así que seguimos besándonos durante unos minutos. Cuando por fin logro separar mi boca de la suya lo hago sólo para que mis besos bajen por su cuello. Recorro despacio sus hombros y su escote. Me detengo en el nacimiento de sus pechos sólo porque allí noto más fuerte el latido de su corazón. Ella se acerca a mi oído y susurra dos palabras que avivan el fuego de mi interior: “Hazme tuya”. La beso de nuevo, con más fuerza que antes. Ya no tengo miedo de herirla, ya no queda en mí nada de la estatua que era. Paso uno de mis brazos por debajo de sus rodillas y aseguro el otro tras de su espalda. Ella se agarra a mi cuello, enredando sus dedos en mis cabellos. Me levanto con Eva entre mis brazos y me dirijo al jardín más cercano. Con mucho cuidado la deposito en la hierba y me tiendo a su lado.

Los besos de Eva se hacen cada vez más urgentes así que bajo mis manos hasta sus piernas y subo acariciando su piel por debajo del vestido. La despojo de sus ropas despacio a pesar de que el deseo de ver de nuevo su desnudez me consume por dentro. Sólo me doy cuenta de que yo ya estoy desnudo cuando siento el calor de la piel de Eva contra mi vientre y sus uñas clavándose en mi espalda. Por primera vez en muchos siglos siento el dolor recorriendo mi cuerpo: el dolor de sentir mi piel rasgada y el sufrimiento de separar mis labios de los de Eva. Pero no puedo mantenerme lejos de su cuerpo durante mucho tiempo. Vuelvo a recorrerlo con los labios y con las manos. Tomo posesión de cada centímetro de su piel tal y como ella me ha pedido. Siento sus gemidos en cada poro de mi piel acrecentando aún más mi deseo. Llego a sus piernas y hundo mi cabeza entre ellas. Eva suspira en el momento en que mi lengua encuentra su sexo y empiezo a lamerlo despacio. La siento estremecerse entre mis manos. Por enésima vez esa noche no puedo esperar para unirme a ella, pero esta vez no me resisto. Vuelvo a buscar su boca con la mía mientras dejo que sus piernas se abracen a mi cintura. La penetro con fuerza y ella jadea con sus labios contra los míos. Eva ayuda con sus piernas a que cada vez me hunda más en su interior.

Siento como se agita un poco debajo de mi cuerpo y un segundo después me encuentro con la espalda pegada al suelo y con Eva cabalgando sobre mí. Ahora es ella la que marca el ritmo. Lo mantiene tan lento que creo que me voy a volver loco. Cambia a cada instante sus caricias, pero siempre un poco más rápido. Por un momento la veo resplandecer y sé que el mundo no existe ya para ella. Puedo sentir en su mente como el placer recorre su cuerpo. Eso desata mi propio placer y siento de primera mano lo que un segundo antes sentía a través de Eva. Nuestras manos se encuentran en ese mundo paralelo donde no hay nada más que nosotros dos y nuestros sentimientos.

Y ahora ¿qué va a pasar? ¿Volverás a tu columna? – pregunta Eva susurrando en mi oído.
Debo hacerlo. ¿Te gustaría quedarte conmigo?
¿Puedo?
Sólo si lo deseas realmente Eva me mira a los ojos… sé su respuesta.

La mañana está avanzada. Vuelvo a estar en mi columna. A mis pies, una cinta amarilla rodea la barandilla. Dos policías buscan entre las flores. Dos enfermeros esperan junto a una ambulancia a que les den la orden de levantar el cadáver. Otros dos hombres examinan el cuerpo sin vida de la mujer que yace en el jardín. Su vestido de noche rojo y sus zapatos de tacón les han despistado al principio aunque pronto han encontrado la mochila bajo el banco y la botella vacía. Si supieran la causa de su muerte se sorprenderían aún más, pero no encontrarán nada. Eva, o mejor dicho, el espíritu de Eva, está sentada a mi lado mirando hacia abajo. Su mano suave acaricia la mía.

¿De verdad me quedaré siempre contigo?

Sólo hasta que tú quieras.

Entonces será para siempre. reflexiona durante unos segundos y luego vuelve a hablarme ¿Dejarás de…? ¿Volverás a…? Le cuesta encontrar las palabras, pero sé lo que quiere preguntarme.

Sí, mientras sigas deseándolo, cada noche volveré a ti...

Gorky


Gorky



Los botones que posee por ojos escudriñan la oscura habitación. Uno es de color verde y el otro negro, con este último ve algo peor. En su mente aún están frescos los recuerdos de aquella tarde lluviosa en la que se quedó tuerto y ella con sumo cuidado le devolvió la vista en su ojo derecho cosiéndole un precioso botón verde nacarado.
Ella lo es todo para él, no existe sitio en su interior para nadie más desde el día en el que salió de aquel sucio almacén y se convirtió en el regalo perfecto de una delicada niña que saltaba de alegría con él entre los brazos, desde aquel día han pasado más de veinte años.
Besos, abrazos, carantoñas y cientos de miles de hermosas frases han acariciado el corazón de este viejo oso de peluche. Ha sido testigo de los días malos de ella, ha sido hombro en el que apoyarse, guardián de secretos que jamás contara, confesor de pecados que no desvelará e incluso aun hoy se encuentran en su interior varias lagrimas que ella dejó impregnadas en su pequeño cuerpo de peluche.
Cuando ella tenía pesadillas y le abrazaba fuertemente él se ocupaba de hacerlas desaparecer y cuando tenía bellos sueños intentaba que estos durasen lo máximo posible.
El oso gira la cabeza para mirar el reloj y un trozo de hilo se parte y se desprende de su cuello. Ella llegará enseguida y él estará en la oscuridad esperándola como siempre.
Cuando se acueste y le abrace para tener lindos sueños ya se encargará de que tenga la peor pesadilla de toda su vida, no será difícil, conoce de sobra todos sus temores y sus miedos. Cuando llegue la noche se cobrará su venganza y disfrutará con ello.
¿Qué, por qué lo va hacer?. No me lo ha querido decir. Solo soy una pequeña figura de escayola que ella pintó en el instituto y que ha perdido buena parte de la pintura con el paso del tiempo aunque creo, que es porque ella tiene novio de nuevo.

Paredes blancas


Paredes blancas



Vaya, que sorpresa, usted otra vez. ¿Quién lo ha mandado? ¿Su superior? ¿O quien? No importa, pase usted a mi lúgubre pero increíblemente cómoda habitación, por favor no preste atención a las ratas muertas ni las cucarachas que rondan por los rincones, entre el oxido y la mierda.
DIgame, ¿Qué quiere de mi?, ¡Espere! ¡Ya lo se! ¿Quiere que confiese? ¡¡YA LE DIJE QUE NO!!. Los sonidos son piedras, ¡Maldita sea! ¡¡CALLELOS!! ¡No soporto ese sonido!.
¿¡Otra vez esa silla!? ¿Me tiene miedo acaso señor?, Soy inofensivo, no tengo nada que ocultar, por favor señor, déjeme ir de aquí, ¿Por qué no puedo?, solo soy un humilde hombre que se ganaba la vida haciendo trabajos de carnicería. Me siento vacio, mi sonrisa se ve vacia, y su sonrisa es…¿¡TORCIDA!?. Escucho a lo lejos un reloj, que cerca esta.
He sabido de todos sus pacientes, de todos los que han estado encerrados en este pozo de porquería, se de sus antiguos presos, y del anterior y del anterior y del anterior y del anterior .No estoy solo señor, tengo mis confidentes, solo me platican a mi, solamente la paredes blancas me conocen y me platican todas las noches de todos los que han visto llegar hasta aquí. ¿Acaso no les ha preguntado nada? ¿Acaso no han platicado con usted?, será que es mala persona y por eso no le tienen confianza.
Recuerdo pues, una hermosa casa, mi muñeca rota, fuego en la ciudad, ¡OH QUE BUENAS REMEMBRANZAS!. ¿Que tu no lo entiendes? Recuerdo esos rostros azules, azules, azules, si azules. Si, unos rostros sin color, mis manos sostienen una almohada, he entendido muchas cosas, el bebé llorando, el reloj de mi buró…¡¡¡SI ASI ES!!!. Asi fue como los encontré, por que fue divertido muy divertido muy muy divertido. Jajajajaja, entiendo si lo se, pero solo estaba jugando ¿Qué querían que hiciera?, ellos eran malos conmigo, asi que tenia que jugar con ellos.
Mi cuchillo de carnicero, me tiembla la mano, jajaja mi hija no sabe que es un juego y gozo al escuchar sus suplicas ahogadas bajo la almohada jajajaja que mal que ella no sepa que solo juego. Mi esposa, mi linda esposa, ¿no cree que se veía mejor asi? Teñida de rojo, siempre me encanto como se le veía el rojo. Mis padres, ¡ah! nunca entendieron mis juegos, pobres ilusos, solo jugaba, por favor solo jugaba mami, pero no entendió y tuve que jugar con ella también, y mi papi, tantos golpes cuando niño, nunca estaba para jugar conmigo y ahora ¡¡LO TUVE PARA MI SOLO!! ¡¡ PARA JUGAR!!.
Y todo esto señor lo saben las paredes blancas, pues ella me han contado todas las noches sus turbias confesiones, mientras que la que yo hago ahora se queda aquí, entre estas cuatro paredes, paredes blancas. Veo en sus ojos el mismo miedo que había en ellos… los ojos del miedo…¡¡¡LO JURO!!! ¡Usted los habría reconocido de haber estado ahí! se habría divertido conmigo, pero no usted tuvo que llegar a echar a perder mi juego. Sigo solo mi naturaleza, sigo mis instintos, ¿Alguna vez los ha oído?, creo que no.
Las paredes blancas lo escuchan, nos escuchan y me platican todas las noches de todos los que ven llegar hasta aquí…de cuantos…cuantos…cuantos…cuantos….¡¡CUANTOS!!.....¡¡¡¡CUANTOS!!!.............¡¡¡¡¡CUANTOS!!!! …Y DE…..¡¡¡¡¡¡CUALES!!!!!!......
….¿por que me miran a mi?....si ustedes son los locos...

La locura


La locura



Una oscura figura se desprendió de su mente. Lo ha atormentado hasta el fin.
Los restos calcinados de leña en la antigua chimenea y las viejas alfombras cubiertas a esta altura por asquerosos y putrefactos hongos son dos de las cosas que caracterizan este agradable lugar…
Los fármacos en la alacena aguardaban ser consumidos.
Era extraño y prácticamente imposible que en estas habitaciones maltratadas y azotadas por los años y la febril putrefacción de las paredes hubiese algo que denotara felicidad o un mínimo destello opaco y apagado de alegría. El resto de la ancestral edificación también era antigua y muy llamativa pero, al parecer, totalmente normal y corriente. Sin embargo la inquietante y fastuosa entrada despertaba muchos misterios e inquietudes en la mente y los ojos del que desafortunadamente allí se encontrara.
Smuggler tomó sus pastillas segundos después de abrir los ojos, como de costumbre, sudado y agitado, consecuencia rutinaria de los amaneceres de los últimos veinte años. Y desde que sintió aquella presencia extraña junto a el en todos los lugares de la casa comenzó a tomar dos dosis de los grises e inevitables fármacos que solo aminoraban su retorcida esquizofrenia pero no borraban el dolor de su alma ni las extrañas imágenes de su cabeza.
Con el pasar del tiempo la esquizofrenia desquiciada y sofocante de Smuggler no empeoró pero sus sueños sí; el mundo dentro de su mente era cada vez más grotesco y oscuro a tal punto que tuvo que permanecer tres días despierto hasta que el agotamiento se encargó de todo.
Las agudas pesadillas de Smuggler siempre concluían de la misma manera infernal e indeseada, era tragado, su vida era absorbida por completo por algo macabro, vil y malvado que el no conocía ni quería conocer.
Él había ocupado esa casa desde que su antiguo dueño se había ido, aunque muchos afirmaban que había desaparecido porque desde fines de julio de hacía ya seis años ningún ser vivo en esta tierra lo había vuelto a ver.
Smuggler se había mudado a esta extraña edificación cuando todo era tranquilo; se encontraba ubicada al costado de un melancólico sendero polvoriento de tierra fina y se alzaba detrás de un gris jardín en el que nada crecía, nadie podía sonreír en aquel lugar.
A pesar de las famosas historias sobre la derruida casa que conformaban de alguna manera una parte del folklore del pueblo, él necesitaba silencio y tranquilidad, por lo que nunca prestó atención a esas fantasiosas historias de pueblerinos crédulos e ignorantes hasta que una de las noches enfermizas y agobiantes una figura oscura se desprendió de su mente y lo atormentó hasta el día de su muerte. Él no se había percatado de que el horror había aparecido allí hasta el día en que la tenue música que sonaba en el antiguo y destartalado tocadiscos comenzó a cortarse y a escucharse extraña, y las puertas de pronto se cerraban con un golpe estruendoso sin razón alguna, y los vidrios explotaban cada tanto, las sillas también se desacomodaban aún sin que él las tocara.
Tal vez todo era un simple producto de la esquizofrenia pero fuera lo que fuere estaba deteriorando cada vez más la mente del desesperado Smuggler.
Fue en el invierno de julio cuando comenzó a evaluar la situación y pensó en dejar la casa.
Habían sido tres meses insoportables y terroríficos aunque no había habido más que voces, gritos, ruidos y desórdenes. A esta altura él ya estaba acostumbrado a todo aquello y su esquizofrenia se había transformado de pronto en una notable locura que era evidente y entendible.
El miedo que comenzó a sentir fue cada vez mayor, cada día que pasaba era la despedida de cualquier esbozo de felicidad o tranquilidad, la tristeza aguardando la soledad y la muerte que iba en camino, y el canto de los pájaros se había tornado apagado y desgarrador como un réquiem fatal sin fin alguno, como una infinita pieza sacra escrita y dirigida por el diablo.
Fue a fines de julio cuando vio aquello que lo había atormentado por tanto tiempo. Pasó muchos días en el sótano luego de haber tenido la desdichada fortuna de ver a aquello, la infrahumana presencia que había convertido su vida en una tragedia constante.
Smuggler era delgado pero en ese momento, producto de la irreversible locura, poseía un cuerpo escuálido, sus huesos sobresalían y su rostro podía ser descrito por horas. Su rostro era una sola mueca aguda y desquiciada de horror y soledad.
Mil demonios con muecas depravadas y retorcidas flotaban sobre cada noche y las cosas nunca estaban quietas.
Enloqueció por completo cuando descubrió que la heladera no era más que un depósito refrigerado de sangre y repugnantes restos cuya procedencia no conocía.
Smuggler pasó sus últimos días en el sótano y nunca más fue visto por la gente del pueblo y tal vez los crédulos e ignorantes pueblerinos sabían en realidad algo que él no.
Algo había escapado de su mente y había sido tan terrible como la propia muerte.
Algunas cosas que hay en nuestra mente nunca deben escapar porque pueden matarnos y construir un mórbido infierno en nuestras vidas...

La casa embrujada


La casa embrujada



Hace algún tiempo, en un paseo que hice a los bosques de la ciudad de México, íbamos por la carretera, cuando de pronto el auto en el que viajábamos mi prima Angela y yo, se paró sin razón, lo habíamos alquilado y nos habían asegurado que todo estaba bien, por lo que decidimos bajar del auto y pedir ayuda, ya como mujeres inexpertas que éramos en mecánica, ni siquiera lo intentamos arreglar, teníamos miedo de estropearlo más de lo que ya estaba.

Nos colocamos las dos en el arcén de la carretera esperando que algún auto pasara y nos ayudara, era alrededor de las cinco de la tarde, y como era en el mes de noviembre ya empezaba a oscurecer, empezamos a sentir miedo e inseguridad, nosotras en plena carretera y solas.

Pero nuestra suerte cambió en pocos minutos y mi amiga Angela logró detener un auto, era un joven muy guapo, nos preguntó que pasaba y nosotros no supimos explicarle exactamente el problema que tenía el auto, el joven levantó el capó y miró si el auto tenía algún desperfecto, pero como ya oscurecía y no teníamos ninguna linterna el joven nos sugirió:

Miren, vivo cerca de aquí, en una pequeña casa, muy humilde, vivo con mis abuelos, pero con todo gusto les ofrezco mi casa y mañana bien temprano vamos al pueblo mas cercano y buscamos ayuda, y si no es algo grave hasta yo les puedo ayudar sin ningún compromiso..¿que dicen?

Angela y yo nos miramos y pensando que era peor quedarnos solas en la carretera, aceptamos la propuesta del joven.

Ocultamos el auto entre unos árboles y nos dirigimos bosque adentro hacia el hogar del joven, efectivamente no se encontraba lejos de la carretera, cuando entramos a la casa, estaban una linda pareja de ancianitos sentados en unas mecedoras de madera, muy callados, la abuela sólo nos sonrió, nosotras contestamos el saludo y el joven inmediatamente nos llevó a lo que sería nuestro cuarto.

Al llegar la noche, Angela y yo no podíamos dormir de tantos ruidos que escuchábamos, decidimos salir para ver que pasaba, y vimos que el cuarto del joven tenía la luz encendida, y escuchábamos como se aclamaba desesperadamente a Dios pidiendo repetidas veces perdón...pero no sabíamos
por qué, Angela se acercó al barandal de la escalera y me dijo:

¡Mira!...

Estaban bajo nosotras las dos mecedoras que se movían como si algo o alguien estuviera sentado ahí, meciéndose, no había viento ni nada que las moviera, las dos nos miramos asustadas y corrimos a nuestra habitación para encerrarnos, cuando amaneció ninguna de las dos había podido dormir. Cuando salimos de la habitación había un silencio sepulcral, que hasta daba miedo, estábamos tan asustadas que decidimos salir de de la casa y buscar el auto, al fin de cuentas no caminaríamos mucho.

Cuando llegamos al auto, cual seria la sorpresa, que arrancó a la primera, sin ningún fallo y logramos irnos de ese misterioso lugar el cual nos causaba miedo.

Llegamos a un restaurante del primer pueblo que encontramos, teníamos mucha hambre, un policía que se encontraba sentado cerca de nosotras nos preguntó:

¿Es de ustedes ese auto que esta afuera?
Si. le respondimos. ¿Por qué oficial?.
Me pareció haberlo visto en la orilla de la carretera.
_ Ah si, lo que pasa es que nos quedamos en una casa que esta cerca del lugar, ya
que nuestro auto se paró y no podíamos arrancarlo.
_¿Donde dicen que se quedaron?
_ En una casa que esta cerca de allí.
_ La única casa que está cerca de allí es la de los Sres. Sánchez.
¿Unos que viven con un joven?
Dirán, vivían, hace tiempo que murieron los abuelos, al parecer cuentan que el
joven los mató y después se suicidó. Se encontraron los cuerpos de los abuelos sin
vida sentados en sus sillas y el joven colgado de su cuarto.
No puede ser oficial, tal vez sea otra familia la que usted nos dice, porque nosotras estuvimos en esa casa, y ahí estaban los abuelos y el joven, la abuela
hasta nos sonrió y el joven nos prestó una habitación.
Pues quien sabe muchachas, tal vez esté equivocado, puede ser alguna otra cabaña del lugar que yo no conozca, pero no lo creo, este pueblo es muy chico y vivo aquí desde que nací, y créanme, según yo, la única casa separada del bosque es esa, pero
para salir de dudas, ¿por qué no vamos al lugar donde dicen ustedes que se quedaron a pasar la noche?.


Decidimos llevar al oficial a la casa, tal vez porque queríamos escuchar de sus palabras, que efectivamente, se había equivocado y nosotras nos quedaríamos tranquilas.

Pero cuando llegamos al lugar, el oficial afirmó que realmente era la casa de los abuelos asesinados y del joven que se había suicidado. Nosotros le creímos porque la casa ya no estaba igual, cuando entramos, era una casa totalmente abandonada, sin techo, con telarañas, ahí estaban las dos sillas solas y del techo de la habitación del joven, aun colgaba la cuerda con la que había sido ahorcado.

A traves del cristal


A traves del cristal



Eran las nueve de la tarde. Estábamos a mitad del verano, el escaparate de aquel
Telepizza en el que nos encontrábamos dejaba ver un trozo de calle urbanizada bañada por los últimos rayos de luz solar. No sé si mi acompañante se fijó en ese detalle, pero lo cierto es que poco después, el anochecer se hizo infinítamente largo.
Discutíamos que ingrediente sería mas adecuado para afrontar después la película que íbamos a ver y comparábamos los precios y ofertas existentes en un descolorido e insulso tríptico.

Lo lamento, pero recientemente hemos eliminado los champiñones de nuestro menú. Le puedo sugerir que pruebe el nuevo ingrediente, las setas.

Acepté de buena gana. Los champiñones eran mi ingrediente favorito para las pizzas, pero a decir verdad no había probado muchas especies micológicas mas allá de los mízcalos y los boletos. Mientras no fuese Amanita Faloides...

En ese momento entraron en el establecimiento varios mocosos que a buen seguro venían a celebrar un cumpleaños. Nunca me gustaron los niños, y menos los que llevan capirotes de indio y berrean como si fuesen hotentotes a la carga. Para colmo de males, iban sin compañía adulta. Pronto me di cuenta que la madre del cumpleañero estaba sacando del maletero de su BMW una bolsa con regalos y un bolso negro.

Tardará unos 15 minutos

"Sin duda, serán largos", pensé. No sólo tenía mas hambre que el tamagotchi de un sordo, sino que iba a tragarme los prolegómenos de una entrañable y sonora fiesta infantil.

Y sinceramente, preferiría que así hubiese transcurrido todo.

Nos dirigimos hacia una de las pocas mesas libres de los saltos que los niños completaban sin sentido entre el mobiliario de chillones colores.

El escaparate estaba a pocos centímetros de nuestra mesa. Con la algarabía de fondo, centré mi atención en la madre que trataba de cerrar el coche. Era una mujer bella, no sabría decir que edad tendría, pero sería mentir si no digo que estaba de buen ver.
Era alta y de cabellos rubios, con unas grandes gafas de sol cubriendo unos ojos que a la postre descubriría azules.

La mujer cruzó la estrecha calzada. Ningún coche la impedía cruzar los pocos metros de asfalto que había desde la otra acera.
Cuando iba por mitad del recorrido, ocurrió algo extraño.
Mi sorpresa era similar a la que ella mostraba. Había tirado el bolso como si éste le hubiese mordido y ahora miraba cariacontecida el brazo que tenía elevado. Creo que yo era el único que estaba viendo aquello.
La jauría de niños seguía sacando de quicio a una camarera que trataba de tomar nota, pero yo los había dejado de oír.

De repente, sus dedos empezaron a moverse espasmódicamente ante la sorprendida mirada de la dueña. Entonces, soltó la bolsa repleta de regalos y chilló.
Me levanté de la silla y pegué mis manos al cristal. La mujer se retorcía sobre su brazo. Por la forma de moverse, lo asocié a la picadura de alguna abeja, comunes en zonas ajardinadas en esa época del verano.
Los alaridos eran de tal potencia que los niños dejaron inmediatamente su juerga al percatarse de que algo no iba bien.
¡¡¡Mamá!!!
El niño que llevaba una corona de plástico en la cabeza intentaba abrir la pesada puerta entre sollozos y los gritos de los demas niños, asustados por la escena.

El que debía ser gerente del local, calvo como una cebolla y con una ridícula corbata ilustrada con porciones de pizza; empujó y abrió definitivamente la puerta, con la intención de socorrer a aquella mujer que gritaba fuera de sí.
En ese momento, también me dispuse a salir y ayudar en lo que pudiese.

No te muevas

Tenía a Sergio a mi espalda. Intenté darme la vuelta para decirle que si no era consciente de lo que le pasaba a aquella mujer, pero cuando vi lo que el estaba observando; las palabras definitivamente no sólo no salieron, sino que además se me olvidaron por completo.

Sergio estaba a cinco centímetros de cristal, observando por encima de sus gafas. Tenía la mirada clavada en algo que había pegado al vidrio por la parte exterior.
Sin duda era una avispa. Las avispas no me asustan, salvo que sean tan grandes como el dedo índice, claro.

¡¡Dios!!!¿¿¿Que cojones es eso??? pregunté sin esperar tener respuesta. El aguijón era terrible, era similar al punzón de un dardo, pero con un color blanquecino que parecía palpitar.

Es un avispón japonés dijo Sergio con voz calmada, aunque en su rostro se advertía cierto temor.

¿¿¿Como que un avispón japonés??? pregunté aterrorizado sin quitar el ojo de aquellas patas peludas

Este insecto vive en Japón y es el causante de más de 40 muertos al año en la isla del sol naciente.

¿Y si es de allí?¿¿¿Que demonios hace en Colmenar Viejo???¿¿¿Es venenoso??? pregunté totalmente alterado

No se que diablos hace este insecto aquí. Sólo viven allí y no hay constancia de que se ubiquen en otra zona del planeta

¡Quiero saber si son venenosos!

Por desgracia, son bastante mas que venenosos en ese momento se quitó las gafas. Nunca le vi sudar de esa forma Recuerdo haber estudiado esta familia en entomología de cuarto. Su glándula segrega siete toxinas muy potentes. Una de ellas facilita una rápida necrosis del tejido afectado.

¿Necrosis?
La mujer seguía retorciendose mientras su hijo lloraba a su lado y varias personas trataban de ayudarla. El brazo desnudo comenzaba a coger una tonalidad negra muy desagradable.

La necrosis consiste en la muerte del tejido afectado. Esa mujer de ahí a perdido el brazo, y si no se la inoculan los antídotos adecuados, morirá en pocos minutos.

¡¡¡Rápido, vayamos a ayudar!!! me levanté y fui corriendo hasta la puerta.

Al mirar atras,me sorprendí de ver a Sergio aun sentado

No hagas locuras. Cierra esa puerta y vuelve aquí

Hice caso omiso y salí al exterior.

Me acerqué mirando con cuidado hacia el corrillo. Varios vehículos estaban parados delante y sus conductores habían bajado a ver que sucedía.

Entonces pude ver los bonitos ojos que tenía aquella mujer, pues las gafas descansaban en el asfalto.

Eran de un azul intenso, pero solo reflejaban un dolor infernal.

La mujer expectoró sangre a borbotones, manchando a su propio hijo que lloraba histérico. Entonces dejó de moverse y los ojos quedaron enternamente abiertos, ya vacíos de todo sufrimiento.

Fue entonces cuando se empezaron a oir aullidos de dolor en todas las direcciones. Me asomé a la esquina de la calle y decenas de personas huían aullando de un parque instalado en una gran rotonda. Otras personas caían al suelo gritando. Era como una locura generalizada.

Muerto de terror, escuché un zumbido similar al que provocaría un mosquito gigantesco batiendo sus alas. Mi adrenalina se disparó y corrí a la velocidad del sonido los diez metros que me separaban de la pizzería. Sólo Sergio continuaba allí dentro, mirando desesperado por el cristal, temiendo por mi futuro.

Llegué sano y salvo al interior, e instintivamente cerré la puerta. Por desgracia no había nadie mas que pudiera entrar. Decenas de niños estaban desperdigados por la calle, moviéndose como peces a los que se saca del agua. Todos gritaban, al igual que los adultos. Algunos se tocaban la pierna, otros se tapaban el pecho, y otros parecían catatónicos tras haber recibido un picotazo en la cabeza.

¡¡¡El numero 33, dos pizzas medianas!!!

La dependienta del mostrador tachaba con un boli un ticket. No parecía haberse percatado de nada. Cuando bordeó el mostrador y nos obsequió con su sonrisa, el gesto cambió lentamente mientras las pizzas caían al suelo.
Tranquila, se nos a quitado el hambre
Tras entrar en histeria después de ver tan dantesca situación, se arrodilló llorando delante de la puerta

Sergio y yo seguimos observando en silencio a través del cristal. Cientos de insectos tapizaban el gran escaparate. Contemplamos una gran nube de avispones avanzando calle arriba.

Casi todos los que estaban fuera ya habían muerto. Pocos minutos después, apenas entraba la luz. Todo la superficie acristalada estaba poblada por enormes abdómenes negros con líneas amarillas.

La noche al fín llegó. Sergio puso la radio de su Nokia. Estaban dando un aviso de evacuación total en el centro y sur de España. Estábamos siendo invadidos por una plaga de avispones japoneses que se había desplazado desde el este de Madrid. Había teorías de que era un atentado terrorista, el primero desde ese estilo. Se habían llevado hasta unas colmenas de abejas abandonadas cientos de insectos de forma clandestina y deliberada, y tras un breve periodo de reproducción, se habían liberado en el medio ambiente, con las consecuencias acaecidas.

Los datos de las víctimas eran aún inestimables, pero había miles y miles de muertos y afectados. Incluso hablaban de personas que habían ido al hospital con hasta 30 picaduras.
La batería del teléfono se acabó.

Fueron dos días hasta que vimos llegar un camión del ejercito y varios soldados con lanzallamas.
Nos sacaron a los tres. Lo último que vi antes de entrar al autobús climatizado con insecticida fue como le pegaban fuego a todos los cadáveres con los que se iban encontrando.

El cabello rubio de la mujer ardió con viveza. Su hijo hacía lo mismo pocos segundos después. La corona de plástico aun descansaba sobre la hinchada y negruzca cabeza.

La puerta del autobús se cerró, al igual que mis ojos.

Dormí durante horas y cuando desperté me levanté aquí.

Estoy en una camareta militar, en un segundo piso. Debe de ser un edificio muy viejo, hay muchas telarañas. Incluso se ven en el exterior.

No se donde está Sergio. Pero al salir en su búsqueda, he visto algo que me ha hecho cambiar de opinión. Hay un soldado muerto a un metro de la puerta.

Parecía sonreir. Cuando he visto salir de sus fosas nasales una viuda negra, he pensado que lo mas inteligente es quedarme aquí. Y como estoy demasiado acojonado para seguir escribiendo, me voy a sentar en la cama a mirar a través del cristal de la ventana.

Pero para ser sincero,no tengo esperanza.
No creo que esta vez venga algún autobús a buscarme.

La sombra oculta


La sombra oculta



Una sombra débil se reflejaba sobre la vitrina del comedor. No hacía falta ser muy listo para ver que era un comedor atípico. Sus cajoneras y estantes metálicos estaban herrumbados y corroidos por el paso del tiempo, o tal vez por su excesivo uso. Pero centremonos en la sombra...aquella maldita sombra.
Tendriamos que remontarnos 2 años para saber que pasó en aquel comedor, extraño sin duda y algo oscuro. Alli vivió un hombre, precario, timido, sin amigos, y con una obsesión, su muerte. Tendria unos 35 años, no recuerdo bien, pero de lo que si que me acuerdo es de su silla de ruedas, vieja y oxidada.
Aquel extraño hombre no podia andar, debido a un accidente de tráfico que le costó la pierna, un hierro le atravesó el muslo que no tardó en gangrenarse.
Se pasaba las horas delante de su vitrina de cristal, mirandola y observandola, como si de ella fuera a salir algún movimiento, pero nunca paso nada.
Un día su obsesión llego a un extremo y tomando uno de los trozos de cristal de la vitrina que tanto admiraba se degolló.
Ahora 2 años después, su cuerpo sigue tendido sobre su silla, observando aquella vitrina y produciendo una sombra, pequeña, pero maldita sombra.

Mis miedos


Mis miedos



Abres la puerta sabiendo lo que te espera y su mirada muerta y blanca se te clava en tu mente. Su pelo rizado color rojo chillido y sus coloretes anaranjados, parecen sacados de una pelicula de terror. Su expresividad burlona parece mofarse de todo aquel que se encuentre a su lado, y eso hace despertar en mi un odio y un temor enorme hacia ese ser, en aparencia infantil con la misión de alegrar y hacer sacar un sonrisa, pero en realidad un ser que solo consigue sacar el miedo y la intranquilidad.
Noches en vela he pasado, intentando llegar a alcanzar una mirada directa a los ojos de ese muñeco...pero ha sido imposible. Ni siquiera la seguridad al arroparme hasta la cabeza que tenia de pequeño ha conseguido dejarme dormir. Uno, solo piensa en ese muñeco:
¿Qué hace? ¿Sigue quieto? !Que no se mueva, por favor!...todo menos dormir.
Hasta tal punto puede llegar el miedo que a veces se traspasa la linea de la locura. Tu obsesión hacia él, puede llegar ha hacerte pensar cosas en las que nunca podias imaginar, cosas malas, cosas para hacerle que planeas incluso horas antes de encontrarte con él de nuevo sentado en la estanteria observándolo todo.
Pero llega un dia, en que abres la puerta y su mirada muerta y blanca no te asusta. Creces, y algo que nunca habias podido hacer como tocar a ese muñeco abandonado lo consigues. Y con mucha fuerza, porque no es fácil superar un miedo, lo agarras de esa cabellera de serpientes y sin remordimiento lo sacas de tu cuarto, dejando asi, después de tanto tiempo, esa estanteria sin nadie vigilando.
Tardas en poder volver a dormir, pero el tiempo todo lo cura y lo consigues.
En conclusión, es tanta la implicación que ese diablo ha tenido en mi vida, que ahora no puedo ni ver a la gente disfrazada, ni una pelicula, ni nada de ese ser terrorífico al que llaman payaso.

Embrujada o no


Embrujada o no



Desde que soy pequeña siempre me han molestado las brujas y seres extraños, pero esa es otra historia! ahora desde que me mudé con Luis, mi esposo, a nuestro nuevo hogar nada nos deja estar tranquilos.
Hace un mes empezamos a oír ruidos como de gente caminando en la madrugada por el techo de nuestra casa y cuando encendemos la luz cesan los ruidos en el techo.
El sábado pasado regresamos de una fiesta, en la cual Luis se pasó de tragos así que se imaginarán el estado en el cual el se encontraba.
Llegamos a la casa a las 2:30 de la madrugada, así que nos acostamos a dormir.
Como a las 3, escuché como la puerta de la cocina se abría, y escuché ruidos en la casa y como que movían una de las sillas del comedor y como que se sentaban. Me levanté de la cama y me dirigí al comedor, como estaba claro decidí no encender la luz.
Al llegar al comedor, observé una pequeña figura sentada, era como un niño con cabello largo, pegó una risa macabra! de donde pude tomé fuerzas y le grité: "lárgate de mi casa criatura del infierno", salió corriendo y salió por la cocina. Luis se levantó al escuchar mi grito y lo persiguió afuera, pero al salir no había nadie, sólo las casas vecinas, ya que vivimos en barriada.
Hoy estamos a lunes y sigo escuchando los ruidos arriba de nuestro techo, pero ahora acompañados de aquella risa.

En tu habitacion


En tu habitacion



¿Quién puede asegurar qué fantásticos espectros veremos en el instante de nuestra muerte?
La habitación carecía de los elementos esenciales para los amantes del terror clasico. Limpia, pulcra hasta el ridículo. Ella duerme, su mente desconectada de toda realidad. La noche es apacible, cálida. La luz de la luna se derrama sobre la pared.
Pero a pesar de lo prosaico de la situación, lo ominoso se hace presente.
Primero una corriente eléctrica recorre la columna de la niña, algo que no tiene conexión con su mente, algo físico; la sacude en un espasmo violento que la arranca del sueño. Su cuerpo supo antes que su mente lo que sucedía, había algo en la habitación.
Cubierta con una manta permaneció inmóvil. Su cerebro buscaba desesperadamente un argumento que contradiga aquel miedo irracional y absurdo; pero su cuerpo no respondía a este llamado a la sensatez, se obstinaba en mantener los músculos tensos. Las fosas nasales, dilatadas para inhalar la mayor cantidad de oxígeno posible, parecían las de un animal acorralado...
"No hay nadie"...
Sus ojos recorrían la habitación con una velocidad frenética. Su mente racional estaba estancada repitiendo estúpidamente: “No hay nadie. No. Nadie". Pero esa parte del cerebro inaccesible para la mente racional estaba determinada a mantenerse alerta. Hizo un enorme ejercicio de la voluntad para tratar de dominarse, pero fue inútil.
"Enciende la luz..."
Pensó en su padre, quién ahuyentaba sus infantiles terrores encendiendo la luz del velador, haciéndola sentir un poco tonta por temer algo que sin duda...
"No la enciendas..."
Se detuvo en el momento en que su mano se estiraba hacia el interruptor
"Si la enciendes, lo vas a ver..."
Paralizado su cuerpo, sus ojos se posaron en un rincón de la habitación. Las sombras danzaban alegremente sobre la pared, en algún lugar de la noche ladraba un perro.
"Ahí está... en el rincón..."
Los segundos se estiraban en una angustia indecible. El tiempo se convirtió en algo físico, pegajoso. Ella miraba hacia el ángulo de la habitación. No parpadeaba. En un último y desesperado intento, su yo racional trató de calmarla.
"Ahí no hay nadie. Son sombras y Luna, nada más".
En ese momento le pareció que el bulto del rincón se movía, acaso captando que se dudaba de su existencia. El movimiento fué leve, apenas perceptible, pero innegable. Lo que ella podía entrever desde su posición era una figura, que bien podía ser humana, de pie en el rincón de la habitación.
En este punto algo sorprendente ocurrió en su interior. El horror no cedió, pero dejó de bloquear los procesos mentales, seguía en posesión de su cuerpo en tanto la amenaza continuase; pero liberó su consciencia para que analizara la mejor manera de salir de aquella desesperada situación. Intentó hablar, pero al principio solo pudo producir un susurro que apenas si podía oírse a los pies de la cama.
_ Marco...
Fue consciente de que había dicho el nombre de su hermano, aunque desconocía porqué a pesar de la enorme variedad de monstruos conocidos había pensado justamente en su hermano, quién siempre la había querido...
"Pensaste en él porque está muerto..."
_ Marco, ¿eres tu?_ alcanzó a decir.
La figura del rincón siguió inmóvil durante algunos instantes, luego su cuerpo se inclinó levemente hacia adelante, sacando el rostro de las tinieblas; la luz de la luna alcanzó el rostro de la figura, un segundo apenas. Lo suficiente como para que ella sepa que no era su hermano, sino algo infinitamente peor.
Toda resistencia se derrumbó. La figura supuraba un odio negro e inhumano que era palpable. La habitación se llenó de un hedor insoportable. Aquello que estaba en el rincón de la habitación dio un paso adelante.
Su boca se contorsionaba en una mueca que intentaba ser una sonrisa; sus ojos eran pozos negros dónde era imposible vislumbrar algún rasgo humano. Imposible discutir, imposible razonar con aquel ser que era más bien una voluntad siniestra; sin pasiones, sin deseos; sólo odio y espanto.
Ella se abandonó y se hundió en aquellos pozos negros que eran sus ojos.
El cuerpo sin vida de la niña fue encontrado a la mañana siguiente. Sus ojos miraban estúpidamente hacia el rincón de la habitación. Derrame cerebral, dijeron los médicos. Nadie discutió un argumento tan razonable.
El mundo es misterioso. Después de todo, ¿quién puede decir qué veremos en el instante de nuestra muerte?......

Teclados chinos


Teclados chinos


Perro


Perro


Hacer la mudanza


Hacer la mudanza


Robert


Robert


Yo con los beattles


Yo con los beattles